El turismo náutico brilla con especial intensidad en la costa gallega, pero enfrenta desafíos por el endurecimiento de las políticas y regulaciones medioambientales. Con todo, la mayoría de las navieras logran que su actividad genere un impacto mínimo en los ecosistemas marinos. Cuando un cliente canjea un codigo promocional mar de ons o reserva un billete en otra compañía del sector tiene la seguridad de que sus experiencias a bordo son respetuosas con el medio ambiente.
Para demostrar su responsabilidad ambiental, las compañías navieras siguen normas estrictas al gestionar sus aguas grises y negras, eliminan los plásticos de un solo uso o acatan los límites de gases de efecto invernadero marcados por el reglamento FuelEU Maritime —que, no obstante, los catamaranes y otros barcos turísticos de menos de cinco mil toneladas no están obligados a aplicar.
Fomentar una navegación más sostenible y limpia cobra especial relevancia en una comunidad autónoma como Galicia, poseedora de una extensa red de espacios marítimos, muchos de ellos protegidos por la famosa Red Natura 2000. Los espacios naturales y la biodiversidad de las Rías Baixas y del Parque Nacional de las Islas Atlánticas, por ejemplo, son vulnerables a la contaminación, y por ello urge que el transporte marítimo adopte medidas eficaces para prevenir vertidos y otras malas prácticas.
Pero la responsabilidad ecológica va más allá del cumplimiento forzoso de la norma escrita. Las navieras turísticas que acatan la legislación al respecto mejoran su imagen y su reputación, además de influir positivamente en el escenario donde desarrollan sus tours y excursiones en barco. Paradigmático es el caso de Isola Sacra, una costa italiana seriamente amenazada por los grandes cruceros de un puerto en construcción.
De forma indirecta, demostrar conciencia ambiental permite a estas empresas conectar con las nuevas generaciones y llegar a clientes comprometidos con el cuidado de los océanos.